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11 de junio de 2010

TRÍO SONOR

Franz Joseph Haydn (Rohrau 1732- Viena 1809).
Trío para violín, violoncelo y piano, en Sol M (Hob.XV.25)


Haydn fue un caso excepcional en música. Ante todo por su magisterio ejercido durante todo el período clásico, pero también por ser el único de su tiempo que vivió los tres estilos y épocas más importantes de la música occidental: nació durante el esplendor del barroco tardío y hasta le dio tiempo de componer obras en estilo barroco y ser protagonista de muchos acontecimientos relacionados con él. Vivaldi, Bach y Handel estaban en la cumbre de su arte. (Asistió a la interpretación de “El Mesías” en Westminster Abbey, de Londres, en 1791. Sobrevivió a todo el periodo clásico (sus propias obras, todas las de Mozart y las del primer estilo de Beethoven) y llegó a convivir con los primeros destellos del romanticismo (segunda época, o estilo, de Beethoven: su ópera Fidelio, seis primeras sinfonías, los cinco conciertos para piano y orquesta, nueve primeros cuartetos para cuerdas, Fantasía coral, Concierto para violín, las 23 primeras sonatas para piano y otras obras igualmente importantes).

Su Trío en Sol mayor pertenece a una colección de 15 tríos escritos entre 1794 y 1795. Tienen el privilegio de ser las primeras obras a las que se les puede llamar “música de cámara verdadera” ya que hasta entonces, este tipo de obras se titulaba “sonata para piano con acompañamiento”, compañeros instrumentales que se limitaban a “doblar” algunas de las partes del piano. Hay que recordar el paralelismo con los tres Tríos para piano, violín y violoncelo, Op.1, de Beethoven, compuestos un año antes y que fueron editados con el nombre de 'Tríos' en octubre de 1795.
Es característico de este Trío (Hob. XV.25) su tercer movimiento, titulado, ya en su primera edición mencionada, como “Rondo in the Gypsie’s stile”. A él se debe el aroma “gitano” de muchas obras de finales del XIX.


Felix Mendelssohn (Hamburgo 1809–Leipzig 1847)
Trío Nº1 para piano, violín y violoncelo, en re menor, Op.49.


A los tres meses de componer este trío en octubre de 1839, su autor hizo algunas modificaciones en la partitura, accediendo a las sugerencias de su amigo F. Hiller, quien había conocido el estilo virtuosístico de Chopin y Liszt en París. Le hizo ver que el trío quedaba “anticuado”, al menos en su parte pianística. Mendelssohn reescribió algunos fragmentos de la partitura del piano en septiembre del mismo año.

Con estas revisiones, la obra fue presentada ante Schumann, quien publicó un artículo muy elogioso en su periódico, comparándolo con los de Beethoven en re menor y en Si bemol mayor (que se interpreta hoy). El estreno tuvo lugar en Leipzig el 1 de febrero de 1840 con el autor al piano. Consta de cuatro movimientos:

1. Molto allegro agitato. Es un ejemplo del carácter romántico de la época y en él se aprecia ya el virtuosismo recomendado por Hiller. Entre este clima y la melódica cantinela del violoncelo discurre este movimiento.

2. Andante con moto tranquillo. Comienza con un episodio para piano solo a modo de ’romanza sin palabras’. Cuando entran las cuerdas, el piano accede a ser un mero acompañante.

3. Scherzo: leggiero e vivace. Se trata de uno de los ‘scherzi’ más logrados de Mendelssohn. Escrito el mismo año que el Romeo y Julieta, de Berlioz, parece que ambos compositores hubieran sido tocados a la vez por la misma musa inspiradora. Sus ritmos y el contraste de sus sonoridades producen una curiosa sensación de estar escuchando una orquesta.

4. Finale: Allegro assai appassionato. Comienza con una especie de baile campesino, primero en el piano y pasando luego a las cuerdas. Escrita en forma de rondó-sonata, se alternan los pasajes entre el estribillo, tocado a solo, y las partes corales que se tocan en conjunto. Este tipo de forma fue muy usado a finales del XVIII y, especialmente, en la primera mitad del siglo XIX.

Mendelssohn, un romántico atípico.
Mendelssohn desarrolla su actividad artística en apenas 22 años, los que van de 1825 (Sus primeras obras de importancia son el Octeto de cuerda, de 1825 y la Obertura para un Sueño de Verano, de 1826) hasta su muerte en 1847. En esos años el movimiento romántico se dirigía de manera irrefrenable hacia un estilo que era nuevo sólo en parte y al que, desde aproximadamente a mitad del siglo, se llamaría Neorromanticismo. A los románticos de la primera mitad del siglo se les colgó el sambenito de retrógrados, mientras que ser romántico en la segunda mitad (o sea, ser neorromántico) era sinónimo de progresista. En este paisaje, ¿dónde colocar a un músico que era admirado sin reservas por sus contemporáneos progresistas (Schuman es un ejemplo de ello) y que, por otro lado, los progresistas de las generaciones posteriores rebajaron al rango de epígono de épocas pasadas, alguien convencional por su apego a la perfección de la forma clásica?. Esta contradicción dió lugar a que Mendelssohn fuera calificado de “clasicista romántico” o “solitaria encarnación de un imposible romanticismo feliz”. En el panorama musical de los años treinta y cuarenta, Mendelssohn surgió realmente como una nueva figura de artista. Su familia berlinesa de origen judío gozaba de prestigio social y económico: Su padre, Abraham, era banquero; la madre, Lea Solomon, procedía también de familia de banqueros; su abuelo, Moses, filósofo de gran prestigio en el ámbito del iluminismo alemán. Desde estas bases, nuestro músico parecía querer encarnar por un lado la definitiva consolidación de la burguesía como clase dominante en la cultura musical (como añadido a lo que ocurría con las otras artes, sobre todo en la literatura), y por otro, borrar la imagen del músico como alguien subalterno y dependiente de un noble, reyezuelo o cualquier otro tipo de amo. En este sentido, se presenta ante el mundo como una confirmación de lo conseguido por Mozart unos cuarenta años antes al ser expulsado por una real patada en el trasero. Por tanto, estamos frente a un músico libre, desinteresado, decidido y ajeno a compromisos del gusto corriente (más bien enfrentado ásperamente con éste). Mendelssohn supo alinearse con aquellos que estaban en contra de la “derecha carca” sin por ello mezclarse con las turbulencias de la “izquierda revolucionaria” (recordemos que estamos en los años posteriores a las luchas napoleónicas). Parecería que, entonces, lo que queda es el centro moderado y hasta mediocre. Pero no ocupó ese lugar, sino que permaneció como un elemento renovador, manteniendose al mismo tiempo al margen o por encima de esa división dual de la historia, el pensamiento y el arte. (Notas tomadas, no literalmente, de la magnífica monografía de Renato Di Benedetto sobre la música en la primera mitad del siglo XIX).



The Beatles
Yesterday y Hey Jude


Estas dos canciones, quizá las más conocidas de The Beatles, han sido objeto de múltiples transcripciones para diferentes grupos instrumentales.
El concierto de hoy me recuerda otro en el que un cuarteto de cuerda que tocó en esta misma sala y organizado también por la AFA hace ya más de 15 años, dio como "propina" una interpretación de Hey Jude, obra que no conocía y confundí con el Fandanguillo de Almería. Tal situación me hizo buscar datos y escribí mis deducciones, las cuales ahora están en el sitio WEB que se cita más abajo, que se abrirá por la página 2. Una vez en ella, bajar hasta la mitad aproximadamente y ahí se verá el artículo titulado "Hey Jude y el Fandanguillo de Almería" en el que se cuenta la historia completa, con ejemplos musicales de imágenes (partituras de las obras) y de audio (un Mix o mezcla entre ambas obras)

%%%%%%%%%%%%%%%%%%%% ENLACE DIRECTO: IR A LA COLUMNA DE LA IZQUIERDA, DEBAJO DE 'ALEGORÍA DEL OÍDO'

07-05-2010 Cuarteto Venus (con clarinete añadido)

F. Schubert (1797-1828)
Movimiento de Cuarteto en Do menor, D.703 ('Quartettesatz')


En diciembre de 1820, Schubert dejó tres obras inacabadas y entre ellas este "Quartettsatz" D.703. Con él quería acercarse a una música de carácter trascendental, casi metafísico. Se encontraba en una encruzijada en su búsqueda y quería hacer algo más íntimo que el Quinteto "La trucha" del año anterior.



Así que aborda el género cuartetístico por decimosegunda vez (llegaría a los 15). Escribe el primer movimiento, en Do menor, y se para en los primeros compases del segundo. Por sí solo, este movimiento es apasionante, todas sus inquietudes son descargadas aquí manifestándose su particular sentido de lo trágico. Su primera audición se hizo en Viena, en un círculo privado, en 1821.


F. Mendelssohn (1809-1847)
Cuarteto Mi bemol Mayor, Op.12


En marzo de 1829, Mendelssohn dirigió la Pasión según San Mateo, de J.S. Bach, rescatándola del inmerecido olvido, lo que constituye un hito en la historia de la interpretación musical, ya que fue un aldabonazo de partida para el conocimiento de la obra de Bach en todo el mundo.







Ese mismo mes comienza a escribir el Cuarteto op.12, terminándolo en septiembre de ese mismo año. Publicado en 1830, se interpretó por primera vez, en privado, en diciembre de 1831. Aunque no es su mejor cuarteto, sí que es una obra "redonda" y musicalmente proporcionada.


W. A. Mozart (1756 - 1791)
Quinteto para clarinete y cuerdas en La Mayor, K.581
(Llamado Quinteto Stadler)


Este Quinteto representa la primera vez en la historia de la música que se usa un clarinete unido a un cuarteto de cuerdas para configurar una obra completa y, por tanto, un nuevo formato. Se puede afirmar que el clarinete 'nació' a principio del siglo XVIII de la mano de J. C. Denner en Nuremberg. Pero el clarinete 'moderno' empieza en el primer tercio del siglo XX, con la inserción del sistema Boehm en el mecanismo de llaves y agujeros, lo que suponía cambios en la digitación.






Mozart, obviamente, escribe para un clarinete tipo Denner y, además, por encargo de su hermano masón Anton Stadler, dando lugar a una asombrosa y genial obra, llena de aciertos melódicos, armónicos y tímbricos, ya que –al primer intento- crea un cuarteto de cuerdas al que le añade un instrumento que era muy moderno y, hasta ahora, usado sólo por la orquesta de Stamitz, en Mannheim. Precisamente fueron los músicos de esa ciudad alemana los que hicieron que Mozart fijara su atención en el nuevo instrumento que, aunque llevaba décadas de uso, a Viena llegó bastante retrasado. El caso es que la obra le sale 'bordada'. El instrumento llegó a gustarle tanto que rehizo algunas partituras de obras anteriores para poder incluirlo en ellas. Además, sus tres obras con clarinete solista (Trío K.498, Quinteto K.581 y Concierto K.622) han quedado como ejemplo insuperable en el uso de este instrumento. La obra está llena de simbolismo masón, siendo así una hermana, menor si se quiere, de la ópera 'La flauta mágica'.

05-03-2010 Cuarteto Beethoven



Programa

J.S.Bach Contrapunctus 18, Fuga a 3 soggeti (De 'El arte de la fuga' BWV 1080)
L. Van Beethoven Cuarteto en Do sostenido menor, Op. 131
F. Mendelssohn Cuarteto en La menor, Op. 13

"Propina": Schumann "Adagio", inspirado en la Sinfonía Nº 9, de Beethoven.

30-10-2009 - Cuarteto Wihan

CUARTETO WIHAN

F. Mendelssohn-Bartholdy (1809-1847)
Cuarteto Nº6 en fa menor, Op. 80

- Allegro vivace assai
- Allegro assai
- Adagio
- Finale. Allegro molto



Esta obra fue escrita en un especial momento de crisis emocional de Mendelssohn. Al trajín de su acelerada vida profesional de esa época se sumó la muerte de su hermana Fanny en 1847, lo que supuso un golpe definitivo. En septiembre de ese año terminó el cuarteto en esa sombría tonalidad de Fa menor. Precisamente esta tristeza que emana puede ser el motivo de que este cuarteto, al no corresponder con la conocida vivacidad y alegría del temperamento del autor, haya permanecido desconocido durante mucho tiempo. Realmente, su tono concuerda bien con el título que alguien le adjudicó: “Réquiem para Fanny”. Pero también con la proximidad de su muerte ese mismo año.


Bedrich Smetana (1824-1884)
Cuarteto de cuerda Nº2 en Re menor

- Allegro
- Allegro moderato
- Allegro non piú moderato, ma agitato e con fuoco
- Finale. Presto

Smetana se acerca a la música de cámara sólo en momentos de crisis personales, como la muerte de su hija Federica en 1855, tras la que escribió el Trío Op.15, y la sordera que le atenazó al final de sus días, dando lugar a los dos cuartetos, de 1876 y 1883.
El Segundo Cuarteto, es -según su autor- un intento de poner sobre el papel “la vorágine musical que hay en la cabeza de uno cuando ha perdido el oído”.

A. Dvorak (1841-1904)
Cuarteto Nº14 en La bemol Mayor para cuerda, Op.105

- Adagio ma non troppo. Allegro appasionato
- Molto vivace
- Lento e molto cantabile
- Allegro ma non tanto

La música de cámara de Dvorak se encuentra a un nivel musical parejo al de sus sinfonías. Escribió 14 cuartetos para cuerdas, cuatro tríos para piano y cuerdas, cinco quintetos y un sexteto. Entre estas obras de cámara se encuentran las melodías más bellas de su producción. En ellas el autor consigue una reconciliación entre su nacionalismo y las formas clásicas vienesas. Siendo deudor de Haydn, Beethoven y Schubert, no se deja esclavizar por estos modelos. Su inspiración bohemia queda siempre patente, consiguiendo un muy personal sonido instrumental.
El Cuarteto en La bemol, Op. 105, fue comenzado en marzo de 1895, una semana antes de salir de América, y terminado el 30 de diciembre de ese año ya en su tierra natal. Es su última partitura camerística, estrenándose en Praga en abril de 1896 por un cuarteto formado por estudiantes del conservatorio de la ciudad como homenaje y celebración del primer aniversario de su vuelta a casa.

08-05-09 - Nº 15 - TRÍO DUCALE

TRÍO DUCALE
(Clarinete, violonchelo y piano)




R.Wagner (1813-1883)
Siegfried-Idyll (Idilio de Sigfrido) (trascripción de M. Paderni)















Esta obra es la objetivación musical del cinismo más grande y conocido en el mundo de la música. Pero Wagner era así no sólo en los aspectos más o menos amorosos, sino en cualquier otro. Se creía el ombligo del mundo. Le gustaba oír su propia voz y leía sus escritos (ensayos y libretos) a sus amigos abusando de su tiempo. En cierta ocasión se presentó por la noche en casa de unos amigos y les leyó la Tetralogía completa durante toda una noche y parte de la mañana siguiente. Daba por hecho que eso era lo más importante que había que hacer esa noche para cualquiera. Lo que sigue es el relato muy resumido de los hechos que rodean el nacimiento de esta obra de circunstancias.

En 1862 Wagner se separa de su esposa, Minna Planer. En julio se reune con el director de orquesta Hans von Bülow y su esposa Cósima Liszt. En 1863 nace la segunda hija de Cósima y Bülow. En noviembre, Cósima y Wagner se encuentran en Berlin, en donde se hacen la promesa de “pertenecernos sólamente el uno al otro”. En 1864, durante su estancia junto al lago Starnberg, se sella la unión. El 10 de abril de 1865 nace en Munich la primera hija de Cósima y Wagner, mismo día que von Bülow dirigía el primer ensayo de Tristán e Isolda. Isolda será, precisamente, el nombre de la niña, que fue registrada como hija de Bülow, debido al deseo de evitar el escándalo pero también –y sobre todo- para no poner en peligro la protección y buenos dineros que procedían del rey Luis II de Baviera. Para ello, en el bautizo, Richard no tuvo inconveniente en actuar como padrino de su propia hija. De modo que lo que empezó siendo un triángulo amoroso se convirtió pronto en un cuadrángulo, habiendo en él dos engañados, uno consentido (el sexual) y otro ignorante (el económico). La ópera se estrenará en Munich el 10 de junio del mismo año, con dirección musical del todavía esposo de Cósima.

En 1866 los amantes se instalan en ‘Tribschen’, una casa alquilada en un paraje idílico -¡como no!- junto al lago de Lucerna, en donde el 17 de febrero de 1867 nace la segunda hija de la unión, a la que llamarán Eva, nombre de la protagonista de ‘Los maestros cantores de Nüremberg’. En junio de 1869 nace en Tribschen Siegfried, tercero de los hijos de la pareja y también con nombre de personaje de ópera del padre. El 22 de septiembre se estrena en Munich ‘El oro del Rin’, por deseo del rey y con el voto en contra de Wagner, comenzando aquí los síntomas de desavenencia de una de las parejas. El 18 de julio de 1870 se certifica el divorcio de Bülow y Cósima; al día siguiente estalla la guerra franco-alemana. El 25 de agosto, Cósima y Wagner se casan en una iglesia luterana en Lucerna. El 25 de septiembre, una pequeña orquesta que ha ensayado a escondidas de Cósima, interpretan en las escaleras de la casa Tribschen, el “Idilio de Sigfrido”, compuesto por Wagner como regalo de cumpleaños de Cósima y como alabanza por el nacimiento de Siegfried. La música suena estando la dama en el piso de arriba, llevándose una agradable sorpresa.

De los asuntos entre los dos hombres, los reproches, la “vergüenza” de Cósima, el cinismo de Wagner y otros aspectos de la historieta, basta con tres noticias y un fragmento de carta. Al morir Minna Planer, su primera esposa, Wagner escribe “Oh, es digna de envidia, ella, que por fin ha abandonado la lucha sin sufrimiento”. O cómo, al nacer Isolda, felicita calurosamente a Bülow. O los comentarios satíricos de la prensa tras el estreno de El oro del Rin: “Ayer se estrenó la obra del padre de la hija de la esposa del director de la orquesta”.

En cuanto a la carta de 1869, escrita por Bülow a la condesa Charnacé, hermanastra de Cósima, destaca en ella este fragmento: “Hace unos meses supe por la prensa de la dicha del maestro, al que su amante -ese es su verdadero nombre- al fin le había regalado un hijo bautizado con el nombre de Siegfried como presagio propicio para el acabamiento de su nueva obra. Mi frente ha sido coronada así de la manera más brillante. No pude huir de Munich inmediatamente ... pero el infierno que he soportado durante estos últimos meses de mi actividad allí, no es para ser descrito”.

La obra es una amalgama de fragmentos entresacados de las obras de su autor, sobre todo se aprecia la melodía de la escena de amor de “Siegfried”. Resulta una mezcla relativamente bien estructurada, siendo sin embargo, en palabras de Ernest Newman, “Una música exquisita que nos desconcierta a veces debido a la brusquedad aparente de sus transiciones”. En definitiva, que se notan los puntos de sutura de la exquisita operación quirúrgica, tanto musical como existencial.



R.SCHUMANN(1810-1856)
Märchenerzählungen (El cuentacuentos) Op.132

Originalmente escrito para clarinete, violín (o viola) y piano. Tiene su origen en una colección de cuentos de hadas relacionados con el universo mágico de las viejas leyendas alemanas.

Consta de cuatro movimientos:
- Lebhaft, nicht zu schnell (Animado, pero no demasiado deprisa)
- Lebhaft und sehr markirt (Animado y muy marcado).
- RuhigesTempo, mit zartem Ausdruc (Tempo calmo y con expresión tierna)
- Lebhaft, sehr markirt (Animado, muy marcado).


F.Mendelssohn (1809-1847)
Trío concertante para clnte,vchlo. y piano, en Re menor, Op.114

El opus 114 es una Konzerstucke para clarinete, corno de basset y piano. Junto con su gemela, el opus 113, fueron compuestas en 1833 para el lucimiento de dos amigos del autor


M.Bruch (1838-1920)
Dos piezas (De las ‘Ocho Piezas’, Op.83)

El opus 83 está formado por ocho piezas para violín, clarinete y piano escritas en Berlin en 1910.


Johannes Brahms (1833 – 1897)

Trío para clnte, vchlo y piano,
en La menor (op.114)

Aproximándose al final de su vida, Brahms conoce en Meiningen al hábil clarinetista Mühlfeld, quien le hace oír las espléndidas cualidades tímbricas de este instrumento. De este encuentro surgieron cuatro obras de cámara con clarinete en las que el compositor saca a relucir todos los recursos técnicos y matices expresivos del instrumento. Compuesto en el verano de 1891, en Ischl, lugar de veraneo de Brahms. La concepción de los temas nace de la misma naturaleza del instrumento de madera, que aporta su especial timbre para conseguir entre clarinete y violonchelo una mezcla armoniosa y magnífica, a la que se une el piano, formándose un conjunto sonoro bastante equilibrado si tenemos en cuenta las diferencias entre estos tres instrumentos, que constituyen en realidad el trío más heterogéneo que hay en la organología musical: timbres diversos, expresividades muy diferentes, manera de producir el sonido en cada uno, etc.









La obra se puede tocar cambiando el clarinete por una viola (y así lo especificó Brahms) pero entonces pierde gran parte de su encanto, ya que los temas están expresamente concebidos para el timbre y cualidades técnicas y expresivas del clarinete. Un crítico dijo que “el clarinete y el violonchelo se funden tan bien, que parece que estuviesen haciendo el amor”. El propio autor, en un rasgo de humor negro, dijo de su obra que era “una bobada gemela de una bobada aún más grande”. La comparaba con el Quinteto para clarinete y cuerdas, Op.115, del mismo año, una obra superior al Trío en todos los sentidos. Sin embargo, ninguna de ellas se merecía esa calificación.
Ambas obras, Quinteto y Trío, fueron interpretadas, directamente del manuscrito, en Meinigen la noche del 24 de noviembre de 1891, con Brahms al piano, Mühlfeld al clarinete y Hausmann al violonchelo. El estreno “oficial” del Trio tuvo lugar en Berlin el 12 de diciembre del mismo año. (F. Soria).

15-01-09 - Nº7 - TRÍO KANDINSKY


TRÍO KANDINSKY (Piano, violín y violoncelo)

Franz Joseph Haydn (Rohrau 1732- Viena 1809).
Trío para violín, violoncelo y piano, en Sol M (Hob.XV.25)


Haydn fue un caso excepcional en música. Ante todo por su magisterio ejercido durante todo el período clásico, pero también por ser el único de su tiempo que vivió los tres estilos y épocas más importantes de la música occidental: nació durante el esplendor del barroco tardío y hasta le dio tiempo de componer obras en estilo barroco y ser protagonista de muchos acontecimientos relacionados con él. Vivaldi, Bach y Handel estaban en la cumbre de su arte. (Asistió a la interpretación de “El Mesías” en Westminster Abbey, de Londres, en 1791. Sobrevivió a todo el periodo clásico (sus propias obras, todas las de Mozart y las del primer estilo de Beethoven) y llegó a convivir con los primeros destellos del romanticismo (segunda época, o estilo, de Beethoven: su ópera Fidelio, seis primeras sinfonías, los cinco conciertos para piano y orquesta, nueve primeros cuartetos para cuerdas, Fantasía coral, Concierto para violín, las 23 primeras sonatas para piano y otras obras igualmente importantes).

Su Trío en Sol mayor pertenece a una colección de 15 tríos escritos entre 1794 y 1795. Tienen el privilegio de ser las primeras obras a las que se les puede llamar “música de cámara verdadera” ya que hasta entonces, este tipo de obras se titulaba “sonata para piano con acompañamiento”, compañeros instrumentales que se limitaban a “doblar” algunas de las partes del piano. Hay que recordar el paralelismo con los tres Tríos para piano, violín y violoncelo, Op.1, de Beethoven, compuestos un año antes y que fueron editados con el nombre de 'Tríos' en octubre de 1795.
Es característico de este Trío (Hob. XV.25) su tercer movimiento, titulado, ya en su primera edición mencionada, como “Rondo in the Gypsie’s stile”. A él se debe el aroma “gitano” de muchas obras de finales del XIX.


Ludwig van Beethoven (Bonn 1770- Viena 1827).
Trío para piano, violín y violoncelo, en Si bemol mayor, Op.11.


Escrito y publicado en octubre de 1798, justo tres años después del Trío de Haydn ya escuchado. La parte de violín está escrita para que pueda sustituirse por un clarinete.
(Beethoven en 1788)

De nuevo, lo más interesante de esta obra es el tercer movimiento, unas variaciones sobre un tema tomado de una ópera de Weigl (L’amor marinaro). Los comentarios de la Allgemeine Musikalische Zeitung incluían una antagónica opinión: “Beethoven tiene un brillante futuro si deja de escribir con tanto rebuscamiento”. Esta obra dio lugar a una de las anécdotas más curiosas de entonces. Fue presentada por primera vez en una velada musical en casa del conde Fries a la que asistió Steibel, el cual hizo unos comentarios algo despectivos y tocando él mismo una obra propia de mucho efecto debido al “tremolando”, especie de “efectos especiales” que le gustaban mucho. Más tarde, de nuevo en la misma casa, Steibelt se creció e improvisó sobre el tema de Beethoven, lo que molestó mucho a éste y a sus admiradores. Era cuestión de honor, de modo que Beethoven se sentó al piano, cogió la partitura de la obra de Steibel, la colocó de cualquier forma sobre el atril e improvisó de tal manera que Steibel, indignado, abandonó la sala antes de que Beethoven terminara. Desde entonces, aceptaba invitaciones si Beethoven no asistía. Ya se sabe que las anécdotas, cuanto más bonitas, más probabilidades tienen de ser inventadas... pero “si non e vero, e ben trovato”.


Felix Mendelssohn (Hamburgo 1809–Leipzig 1847)
Trío Nº1 para piano, violín y violoncelo, en re menor, Op.49.

A los tres meses de componer este trío en octubre de 1839, su autor hizo algunas modificaciones en la partitura, accediendo a las sugerencias de su amigo F. Hiller, quien había conocido el estilo virtuosístico de Chopin y Liszt en París. Le hizo ver que el trío quedaba “anticuado”, al menos en su parte pianística. Mendelssohn reescribió algunos fragmentos de la partitura del piano en septiembre del mismo año.



Con estas revisiones, la obra fue presentada ante Schumann, quien publicó un artículo muy elogioso en su periódico, comparándolo con los de Beethoven en re menor y en Si bemol mayor (que se interpreta hoy). El estreno tuvo lugar en Leipzig el 1 de febrero de 1840 con el autor al piano. Consta de cuatro movimientos:
1. Molto allegro agitato. Es un ejemplo del carácter romántico de la época y en él se aprecia ya el virtuosismo recomendado por Hiller. Entre este clima y la melódica cantinela del violoncelo discurre este movimiento.
2. Andante con moto tranquillo. Comienza con un episodio para piano solo a modo de ’romanza sin palabras’. Cuando entran las cuerdas, el piano accede a ser un mero acompañante.

3. Scherzo: leggiero e vivace. Se trata de uno de los ‘scherzi’ más logrados de Mendelssohn. Escrito el mismo año que el Romeo y Julieta, de Berlioz, parece que ambos compositores hubieran sido tocados a la vez por la misma musa inspiradora. Sus ritmos y el contraste de sus sonoridades producen una curiosa sensación de estar escuchando una orquesta.
4. Finale: Allegro assai appassionato. Comienza con una especie de baile campesino, primero en el piano y pasando luego a las cuerdas. Escrita en forma de rondó-sonata, se alternan los pasajes entre el estribillo, tocado a solo, y las partes corales que se tocan en conjunto. Este tipo de forma fue muy usado a finales del XVIII y, especialmente, en la primera mitad del siglo XIX.

Mendelssohn, un romántico atípico.
Mendelssohn desarrolla su actividad artística en apenas 22 años, los que van de 1825 (Sus primeras obras de importancia son el Octeto de cuerda, de 1825 y la Obertura para un Sueño de Verano, de 1826) hasta su muerte en 1847. En esos años el movimiento romántico se dirigía de manera irrefrenable hacia un estilo que era nuevo sólo en parte y al que, desde aproximadamente a mitad del siglo, se llamaría Neorromanticismo. A los románticos de la primera mitad del siglo se les colgó el sambenito de retrógrados, mientras que ser romántico en la segunda mitad (o sea, ser neorromántico) era sinónimo de progresista. En este paisaje, ¿dónde colocar a un músico que era admirado sin reservas por sus contemporáneos progresistas (Schuman es un ejemplo de ello) y que, por otro lado, los progresistas de las generaciones posteriores rebajaron al rango de epígono de épocas pasadas, alguien convencional por su apego a la perfección de la forma clásica?. Esta contradicción dió lugar a que Mendelssohn fuera calificado de “clasicista romántico” o “solitaria encarnación de un imposible romanticismo feliz”. En el panorama musical de los años treinta y cuarenta, Mendelssohn surgió realmente como una nueva figura de artista. Su familia berlinesa de origen judío gozaba de prestigio social y económico: Su padre, Abraham, era banquero; la madre, Lea Solomon, procedía también de familia de banqueros; su abuelo, Moses, filósofo de gran prestigio en el ámbito del iluminismo alemán. Desde estas bases, nuestro músico parecía querer encarnar por un lado la definitiva consolidación de la burguesía como clase dominante en la cultura musical (como añadido a lo que ocurría con las otras artes, sobre todo en la literatura), y por otro, borrar la imagen del músico como alguien subalterno y dependiente de un noble, reyezuelo o cualquier otro tipo de amo. En este sentido, se presenta ante el mundo como una confirmación de lo conseguido por Mozart unos cuarenta años antes al ser expulsado por una real patada en el trasero. Por tanto, estamos frente a un músico libre, desinteresado, decidido y ajeno a compromisos del gusto corriente (más bien enfrentado ásperamente con éste). Mendelssohn supo alinearse con aquellos que estaban en contra de la “derecha carca” sin por ello mezclarse con las turbulencias de la “izquierda revolucionaria” (recordemos que estamos en los años posteriores a las luchas napoleónicas). Parecería que, entonces, lo que queda es el centro moderado y hasta mediocre. Pero no ocupó ese lugar, sino que permaneció como un elemento renovador, manteniendose al mismo tiempo al margen o por encima de esa división dual de la historia, el pensamiento y el arte. (Notas tomadas, no literalmente, de la magnífica monografía de Renato Di Benedetto sobre la música en la primera mitad del siglo XIX).